Awoleba, el navropio del Navrongo

lunes, octubre 24, 2005

La cama vacía

Amanece entre las manos
Una almohada hendida y abandonada.
Y blanca se despierta una sábana
En un nudo de garganta que grita.
El hueco esculpido me vomita en la mañana
Testigo de manos apartadas
Y entregas sin acuse de recibo.
Alguien ya se ha ido.

Y me levanto.
Allí queda la huella del vacío desnudo
Risueño manantial de besos robados
Del pozo de gozos sin ternura.
Se estremece la madera chirriante que me empuja
Al aire de madrugada
Rasgado con uñas.

Atrás permanece deshecha la cama
Empapada de falsas caricias
Monumental en su vacío
Exhibiéndose desnuda y desafiante
Sin guardar el secreto de los amantes
Se yergue maltratada entre rodillas.

Y me mira.
Insultante en su blancura
Oliendo a ausencia y a sudor ajeno
A hedor de traición y a hielo
Cansada de cabalgar sin sueños
Amanece a golpes contra la pared
Deshecha, blanca y fría
Y vacía, siempre vacía.

Sashka